Gracias, México, por tanto
Un partido de futbol dura noventa minutos. Pero hay recuerdos que duran toda la vida.
Dentro de muchos años, cuando una niña recuerde el Mundial que se vivió en México, quizá no hable del marcador. Quizá no recuerde la alineación, ni el minuto exacto de un gol, ni el nombre de todos los jugadores.
Tal vez recuerde otra cosa.
La primera vez que su papá la cargó sobre los hombros para que pudiera ver una pantalla entre la multitud. La emoción de pintarse la cara de verde, blanco y rojo. La mano de su mamá apretando la suya antes de un penal. El ruido de miles de personas gritando al mismo tiempo. La sensación de descubrir que México no sólo se mira, no sólo se escucha, no sólo se habita.
México también se siente. Y se siente con todo el corazón.
Eso es lo que permanece.
Por eso, mientras la fiesta del Mundial se despide de nuestras ciudades y México vive su último partido en casa, vale la pena detenernos un momento.
Respirar. Mirar alrededor. Guardar en la memoria lo que vivimos. Y decir gracias.
Gracias, México. Gracias por tanto.
Porque este Mundial fue mucho más que futbol.
Fue la mujer que, entre banderas y camisetas, trabajó largas jornadas para que la alegría que llenó nuestras calles también pudiera llegar a su hogar.
Fue el joven que atendió mesas y sirvió comida mientras escuchaba los gritos de gol desde la cocina.
Fueron los trabajadores de limpia que, cuando la celebración terminaba y todos regresaban a casa, seguían recorriendo las calles para devolverles orden, dignidad y cuidado.
Fueron los policías que permanecieron de pie durante horas para que otros pudieran celebrar.
Fue el paramédico listo para atender una emergencia.
Fue la persona que vendió banderas bajo el sol.
Fue quien abrió su negocio más temprano, quien cerró más tarde, quien puso una pantalla, quien prestó........
