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Sheinbaum y Rosa Icela dan lección 31 años después a Zedillo y Esteban

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Póngase cualquiera en la situación de Rubén Rocha Moya, acusado por EEUU, país que ha pedido a México su aprehensión con propósitos de extradición. Cualquiera en tal situación —por fuerte y sereno que sea— estaría muy seriamente preocupado y podría entrar en una crisis emocional traumática que lo llevara a realizar acciones insensatas.

Creo que eso explica la conducta tan equivocada —de plano, tan loca— del gobernador de Sinaloa: después de haber pedido licencia hace unos 100 días, volvió al cargo sin pactarlo con nadie en la 4T, para en pocas horas dejar de nuevo la gubernatura. Me parece más un tema psiquiátrico o psicológico. Muy comprensible, desde luego: una acusación estadounidense tan fuerte saca de balance a la persona emocionalmente más estable.

Desesperado por el temor de que, tarde o temprano, con o sin el cargo de gobernador, Estados Unidos lo aprehenda, Rocha cometió el error de retar a la nación más poderosa del mundo declarando que se le investigó en México, que se le encontró inocente y que, por lo tanto, volvía a su oficina en el Palacio de Gobierno de Sinaloa.

Pero lo cierto era que en México la FGR no había terminado de investigarlo, y por lo tanto no estaba absolutamente libre de pecado. Lo que hizo, volver al cargo, era algo no solo absolutamente imprudente, sino también un problema para la izquierda mexicana, para su partido, Morena, y también para Palacio Nacional.

Rápidamente el sistema político morenista —el partido, gobernadores y gobernadoras, la Secretaría de Gobernación y la propia presidenta Claudia Sheinbaum— se encargaron de hacerle saber que así no.

¿Cuál es el remedio para una crisis emocional durísima? En la........

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