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¡Qué risa la precariedad!

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02.04.2026

Hay un momento del mes en el que dejas de mirar la cuenta del banco. No porque no te importe, sino porque ya sabes lo que hay. Cobras 1.400 euros en Madrid y suena, sobre el papel, a algo razonable. No es un mal sueldo, te dicen. Es lo que hay, te repiten. Y tú quieres creértelo, porque la alternativa es aceptar que algo no cuadra. Pero luego viene la realidad. El alquiler se lleva más de la mitad, si tienes suerte. Así que compartes piso. No por elección, sino por necesidad. Y no durante un tiempo, sino sin fecha de salida.

Y lo peor no es compartir. Es cómo vives. Pisos con humedades que trepan por las paredes. Grifos que nunca terminan de dar agua caliente. Cocinas ancladas en otra década. Ventanas que no aíslan nada: ni el frío, ni el calor, ni el ruido. Puertas tan finas que no te hacen sentir seguro. Y pagas por eso. Pagas mucho.

Y, aun así, durante años, conviertes todo esto en un espectáculo. Cada día llegas al trabajo con una nueva historia. Una nueva "desgracia".........

© Público