Feijóo, sin pecado concebido
No sé si será cosa mía o del calor, pero cada vez que miro a Feijóo lo encuentro más joven. Quiero decir que veo a un Feijóo de mucho tiempo atrás, de allá por los noventa o los ochenta: sin gafas, sin arrugas, sin preocupaciones, a punto de embarcar en el yate de Marcial Dorado como Marty McFly en el Delorean y dar la vuelta al futuro. Tal vez se trate de un efecto secundario del recauchutado general con el que su equipo de peluquería y maquillaje lo está tuneando de cara a las próximas elecciones. Cierto que con la operación de cataratas le mejoró bastante la visión, aunque hasta la fecha todavía no sea capaz de distinguir cuántas propiedades inmobiliarias tiene ni quién diablos estará a cargo de las facturas. El oftalmólogo lo lleva crudo para que Feijóo reconozca la letra pequeña, no te digo ya una letra del banco. Digamos que más bien le han arreglado las vistas, igual que a Ayuso con su ático en Chamberí.
Lo más curioso de todo este alicatado general es que funciona también por dentro además........
