MaquIAvelo
Defiendo que Pedro Sánchez, en vez de un misal, guarda El príncipe en su mesilla de noche. Leerlo será para él algo así como mirarse en el espejo. En vez de un rezo, preguntará: “¿Quién es la más bella del reino español?”. No hay, por ahora, Blancanieves que se precie en el horizonte. Y parece que tardará en haberla. Se ríe el Perro de Feijóo, que ha hecho bueno a Mariano Rajoy –cuando compartía piso, entre cerveza y cerveza, por lo menos nos reíamos viendo en YouTube resúmenes de sus mejores gallegadas–, diciéndole que no es capaz de ir a una sesión de control del Congreso, “lo único que tiene que hacer a la semana”, y formular una pregunta sin leer lo que otros le han escrito. Y eso, el showrunner de Anotop, la serie del momento, ni siquiera lo hace bien. Tranquilos: que pronto en los parlamentos pondrán avatares en vez de personas. Total, en la sociedad de la ComPol, que dice detestar –pero surfea en busca del oro– Rufián, lo que vale no es ni el debate ni las ideas: es reel. Es para lo que ha quedado la política de altura. Que se lo cuenten, si es que se lo pueden contar, al Netanyahu de seis dedos que ha rulado por las redes sin que a nadie se le caigan los anillos; menos al propio Bibi, según parece, en el vídeo de prueba de vida con el que quisieron desmontar el primero. ¿Y qué dijo Maquiavelo de esto? Que se lo pregunten a la IA, porque ya da igual.
