No se necesita un milagro, pero se le parece mucho
Hansi Flick fue el primero en decir que para remontar el 0-2 al Atlético no se necesita un milagro. Lo dijo el sábado, ayer lo repitió y un maduro Lamine Yamal le dio la razón. Y es cierto. El Barça, si juega bien y tiene una pizca de suerte, puede ganar ante cualquier rival por dos o más goles, incluso en un ambiente hostil como será el Metropolitano.
La cuestión será, según dijeron ayer el entrenador y el genio de Rocafonda, ser fieles al propio estilo futbolístico. Y, por consiguiente, no caer en la trampa táctica de Simeone que, este año, ya le ha costado a Flick quedarse sin la final de Copa del Rey. Cuando el Barça se gusta demasiado mirándose al espejo, cae en la tentación de confundir el control del partido y la posesión de balón con el fútbol efectivo. Y, automáticamente, pierde alegría y esa valentía en ataque que han definido los equipos de Flick.
Para que hoy salga el partido perfecto, el técnico sabe lo que necesita. La energía de Gavi y Fermín, que son la niña de sus ojos, el desborde descomunal de Pedri y Lamine Yamal, que los tres irregulares de arriba –Lewandowski, Ferran y Rahsford- enchufen las que tengan, que la defensa ponga el pie duro y que Joan Garcia pare en Europa lo mismo que para en España.
También necesitaría a Raphinha, por su espíritu y su colmillo, y más aún en estos partidos de alto voltaje, con tantísimo toma y daca. Pero no estará. Y, por lo tanto, no es hora de buscar excusas antes de tiempo, por las bajas, por el clamoroso penalti no pitado en la ida y por el pésimo estado del césped del Metropolitano. Ayer Flick dijo que el partido de esta noche no se parecería a ningún otro de los cinco duelos contra el Atlético de esta temporada. ¿Quizá será el primero con tanda de penaltis?
