Prioridad nacional
Colas para el proceso de regularización en el Ayuntamiento de València. / Fernando Bustamante / LEV
La consigna “prioridad nacional” nació en Francia hace cuarenta años, en la cabeza de Jean-Marie Le Pen, quien publicó en 1985 Les Français d’abord (Los franceses primero) mientras el Club de l’Horloge bautizaba el lema como si fuera un instinto: préférence nationale. No era un programa de gobierno sino una estrategia electoral: señalaba un culpable del malestar de quienes sentían que las cosas les iban peor. Desde entonces, el culpable ha sido el inmigrante.
El relato llega a España ahora y solo cambia el escenario: de París a Madrid, y de ahí a los ayuntamientos y comunidades donde el PP gobierna con Vox, con la perspectiva de convertirse —elecciones mediante— en una prioridad del Gobierno de España.
Son palabras que activan una pregunta que es casi un escalofrío: ¿dónde se localiza la nacionalidad? ¿En el corazón, en el color de la piel, en la forma de pronunciar una erre? Nadie ha logrado encontrar un órgano con el latido de la patria. Quienes se erigen en jueces de estas cosas nunca terminan de responder. Señalan, pero no explican.
Pero la consigna crece alimentada por otros relatos: cayucos exhaustos llegando a Canarias, hospitales saturados, gentes sin nada que pugnan por adelantarse en la cola del bienestar. Relatos escritos con imágenes de pateras, denuncias de turismo sanitario y fotografías de servicios públicos desbordados. Hacen que parezca inevitable una conclusión: hay que poner orden mediante la fuerza de la ley o, llegado el caso, como sucede hoy en Estados Unidos, aplicando la ley de la fuerza.
El relato de los cayucos choca frontalmente con la Declaración Universal de los........
