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La injerencia extranjera y la desinformación

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04.06.2026

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Hace unos días, el Congreso mexicano aprobó una reforma constitucional que permitiría anular elecciones cuando se acrediten actos de injerencia extranjera que influyan en los resultados. Poco después, el 31 de mayo, Claudia Sheinbaum subió al templete del Monumento a la Revolución para defender a la patria frente a quienes pretenden intervenir en ella. La conversación es absolutamente pertinente, pero está planteada de manera tramposa; sobre todo porque no pide unidad nacional ante un ejército invasor, sino división interna para excluir a los “vendepatrias” por sus vínculos con grupos ideológicos (no gobiernos) del exterior. 

Una democracia debe protegerse si alguien intenta alterar la voluntad ciudadana, pero para ello debe preguntarse quién genera los mensajes que circulan cada día, con qué recursos, para activar qué emociones y con ayuda de qué plataformas. Hay intromisiones extranjeras, por supuesto (habrá que ver si son decisivas y si van más allá de individuos e involucran gobiernos). También hay propaganda gubernamental, redes criminales, operaciones digitales, poderes económicos y algoritmos que premian la polarización. La distorsión informativa no aparece solamente la víspera de una elección. Trabaja a diario sobre el terreno en el que más tarde se depositan los votos.

Por eso, mientras escuchaba la defensa presidencial de la patria, pensé en un viaje que había terminado apenas dos meses antes. En abril coordiné, junto con Alfredo Suárez, un programa de la Fundación Friedrich Naumann para fortalecer la libertad de prensa, que reunió y patrocinó el viaje de un grupo de periodistas latinoamericanos por Madrid, Berlín y Vilna. Éramos reporteros, editores, verificadores y analistas de Argentina, Brasil, Chile,........

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