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La entrañable tristeza de Bryce Echenique

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11.03.2026

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Cuando leo a Alfredo Bryce Echenique, me pregunto cómo se puede vivir siempre así, de mudanza en mudanza a un departamento más estrecho, muerto de desamor, cada día más pobre a pesar de que en la víspera ya no se tenía ni un franco ni un sol, con una depresión crónica, un insomnio disciplinado, una dieta estricta de tabaco y vino tinto, y convencido de que los buenos tiempos quedaron sepultados décadas atrás y jamás volverán. Es solo literatura, me digo para tranquilizarme, es solo literatura, y aun así parecería demasiado para una obra conformada por trece novelas, ocho libros de cuentos e innumerables tomos autobiográficos, además de artículos y ensayos. Ninguna tristeza da para tanto, salvo la de Bryce, seguramente porque se combina con un humor entrañable, inesperada mezcla que se encuentra en cualquier página del peruano.

Nadie pone en duda la efectividad de la fórmula y tampoco nadie estaría dispuesto a negar que la dilapidó como sus personajes dilapidan sus fortunas, la rara vez que la tienen. Pero sería injusto concentrarse en la repetición y la decadencia y no en el periodo de esplendor, que duró más libros de los que cabría pensar dada su prolongada agonía. Curiosamente, su primera novela y la más celebrada, Un mundo para Julius (1970), es la menos representativa, al menos en apariencia. Es verdad que ya están allí el humor que compensa la cursilería desinhibida, la nostalgia por los mundos perdidos y la prosa emotiva, pero el protagonista es un niño que descubre el mundo a través de la aristocracia limeña, que supongo es lo mejor y lo peor que le puede pasar a alguien nacido en Latinoamérica. Una década después llegaría el díptico formado por La vida exagerada de Martín Romaña (1981)y El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985), donde ahora sí ya está el Bryce más reconocible.

Se trata del autoexiliado en París, convertido en el último bohemio de una ciudad que ya también vivía de sus glorias pasadas, con un talento indiscutible para fracasar en cualquier iniciativa, las contadas veces que su depresión le permitía emprender alguna. Parecería que Bryce viaja a París para extrañar Lima y vuelve a Lima para extrañar París, en un círculo........

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