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Puntos ciegos del mensaje presidencial: la deuda social sigue pendiente, por Javier Herrera

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02.08.2026

A cada cambio de gobierno, el mensaje presidencial suele comenzar igual: “recibimos el país en un estado calamitoso”. Exagerar el diagnóstico tiene una ventaja política: cualquier mejora posterior, por modesta que sea, puede presentarse como un gran logro. Pero tampoco hay garantías. Como cándidamente dijo un antiguo dictador: “recibimos el país al borde del abismo y, desde mi llegada, hemos dado un gran paso hacia adelante”.

El bienestar de los hogares no depende solo del crecimiento económico ni del supuesto chorreo, que en la última década ha sido más bien un goteo. También depende del acceso efectivo a servicios públicos de calidad —agua, saneamiento, electricidad, salud, educación y seguridad— que el Estado debe garantizar sin importar el lugar donde nació o vive cada peruano. Nacer en una comunidad rural o en una ciudad del interior no debería significar menos oportunidades para una vida mejor.

En las últimas dos décadas hubo avances importantes en cobertura de agua, desagüe, electricidad, educación y aseguramiento en salud. Sin embargo, el malestar ciudadano persiste porque, en muchos casos, esos accesos son incompletos o de mala calidad y todavía no llegan a todos.

Agua: cobertura no significa servicio

El agua es el recurso más esencial. Pero no basta estar conectado a la red pública; la calidad del servicio importa. De poco o nada sirve que la vivienda esté conectada a la red pública de agua si no se dispone de ese servicio todos los días y cuando hay, solo llega algunas horas al día y para colmo el agua no es apta al consumo pues contiene bacterias nocivas para la salud al no haber sido tratada (con cloro).

Según el censo 2025, una de cada cinco viviendas no está conectada a la red pública. La situación es crítica en el área rural, donde el 42,1% carece de conexión, y........

© La República