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Unas bayas de enebro

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28.06.2026

Hoy leo despacio, con un tono casi melindroso este poema que he escrito sobre la pequeña mesa patizamba y coja que me han puesto en este bar, en la terraza. Tú sabes poco de nosotros. Ni sospechas que somos de esos poetas, míseros buscadores de las hierbas arrojadas, esos del tres al cuarto, que de tarde en tarde van y se ponen a mirar para dentro. No por pura casualidad sino porque, a lo mejor, hemos percibido en el aire que alguien pone sobre nosotros los ojos y los ojos de alguien son siempre dos palomas que nos revolotean livianas el pecho:

Dormir acompañado es una maravilla. Si lo haces, desnudos los pies, a pecho limpio, percibes la suavidad de las sábanas acariciándote el cuerpo. Luego una nube se desmenuza en aquel cielo repleto de blancura y besos.

Si alguien ocupa tu cama y ves que llega........

© La Región