Que la guerra quede en solfa y vuelva la primavera
El invierno se va arrebujando. Aún podrá herir la tierra con sus cuchillos de hielo, pero ella insensible a tanta furia extiende con parsimonia su capa verde y peluda. Primero imperceptibles y luego más claros, van apareciendo sobre ella los botones de oro. Sólo es preciso fijarse bien.
Hace ya días que las mimosas nos muestran apretujadas su ictericia. Que las avispas rasgan su guitarra de rayas también amarillas. Que los días se alargan y alargan como el suspiro adolescente de una muchacha.
Ahora mismo un sol precioso se arremanga y baja rodando por las laderas de la cañada. A veces mete los pies en los regatos y entonces resbala, espejea y casi se ahoga en los remansos de las aguas cristalinas que acaba de parir la montaña.
Hace nada era pura nieve blanca y ahora es un simple cristal derretido, que........
