España bien vale una misa
La frase atribuida a Enrique IV —“París bien vale una misa”— ha atravesado los siglos como símbolo de cálculo político y de pragmatismo. Pero acaso estos días, con el viaje de Su Santidad León XIV a España, convenga leerla al revés: no como la subordinación de la fe al poder, sino como la posibilidad de que el poder, por un instante, se incline ante una palabra más alta que la conveniencia política. París bien valía una misa; España, también, bien merecía esta visita. León XIV ha venido a una nación constitucionalmente aconfesional, no indiferente. El artículo 16 de la Constitución proclama que ninguna confesión tendrá carácter estatal, pero ordena a los poderes públicos tener en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y cooperar con la Iglesia Católica y las demás confesiones. Esa fórmula no es residuo del pasado, sino sabiduría constitucional: reconoce que el........
