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El PSOE o la política como ajuste de cuentas

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23.02.2026

El PSOE es hoy un campo de ajuste de cuentas. Un clima que recuerda a una sucesión de noches de «cuchillos largos», donde todos piensan en el mañana y nadie se fía ya del que tiene al lado. La ministra Montero dispara contra el presidente Sánchez, utilizando para ello al señalado como presunto defraudador de Hacienda, a Borja Cabezón. El ministro López, el que cuelga sus muertos a los muertos, busca colocarse bien para que el entierro político de Sánchez no le pille fuera de juego. Y lo mismo puede decirse del ministro Puente o de su colega Bolaños. Algunos ambicionan heredar el «sanchismo», aunque sea a costa de travestirlo. Otros/otras no aspiran al reparto orgánico, pero sí están en jugársela al compañero de pupitre en el Consejo de Ministros por aquello de que para lo que me queda en el convento...

Mi compañero Javier Portillo lleva varias semanas informando de las guerras internas que se libran dentro del partido y de lo que se cuece a fuego lento como movimiento alternativo para cuando se libre la gran batalla final contra Sánchez. Ese Ragnarok apocalíptico en el que se decidirá el destino de los dioses del sanchismo, incluyendo a sus figuras principales, no solo al presidente del Gobierno.

La metáfora puede sonar exagerada, pero basta observar la dinámica interna de los últimos meses para entender que el PSOE vive en una tensión estructural permanente. Y destacan esos tres planos principales de fricción: el núcleo presidencial, con Bolaños como guardián institucional y operador político. El ala orgánica y territorial, con Montero, con ambición reconocida, y a la que Sánchez confía en desactivar con el resultado en Andalucía. De la misma manera que la crisis ferroviaria también ha sido la oportunidad del presidente, y de otras, como Montero, para desactivar el frente comunicativo, con Puente como tosco ariete, siempre sin pedir permiso.

La explicación es sencilla. Sánchez gobierna en un entorno de máxima presión y alianzas frágiles. Esto obliga a movimientos tácticos continuos. No hay heredero claro, pero todos están ya pensando en una sucesión, desordenada, en la que la pugna se intuye ya como descarnada. También agrava la crisis interna el hecho de que el PSOE es hoy un partido en campaña permanente. El PSOE compite ya contra sí mismo porque no hay ningún proyecto común. Y alguno/a de los que más compiten puede acabar escaldado antes de que entierren al líder.


© La Razón