Buscar un norte
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno de España. / L. O.
De Kant han dicho que ha sido el hombre con la brújula moral más ajustada de la historia. Bueno, de hecho, ha sido él el que nos ha construido el astrolabio por el que navegar en un mundo que, a veces sin sol, debe permitirnos leer las constelaciones éticas para no perdernos en la noche. Pero su norte nos puede llevar por caminos en los que no se nos permite mentir a un asesino, ni siquiera para salvar la vida.
Aunque el de Kant no es el único astrolabio. Hay otros que permiten la compasión, la mirada al otro y una relatividad frente a esa rigidez kantiana que nos exige pluscuamperfectos y fríos. Es una relatividad de la que también hemos de tener cuidado, no vaya a ser que nos resbalemos por una pendiente creyendo que caminamos por un sendero.
Frente a eso, hay quien ha acusado a la posmodernidad de ser un sistema de valores donde todo es relativo. Posiblemente sea cierto, pero también hemos de reconocer que el cielo oscuro de Kant estaba más despejado, había menos contaminación lumínica y también menos planetas. Había menos problemas, o quizás los mismos, pero no tan desmenuzados. O quizás era un mundo donde los planetas estaban enteros y no eran asteroides, donde las estrellas eran brillantes pero pocas, y donde los caminos eran conocidos porque solo los transitaba determinada gente.
Nos encontramos esta semana ante un mundo dividido: uno que reclama las reglas para sí y para los demás, y otro que considera que las reglas solo valen cuando conviene. En la pachanga de esta semana, los que antes vestían la camiseta de la oportunidad, ahora visten la de la ley. Y viceversa, como si estuviéramos en un bote condenado a la zozobra permanente porque quien debería remar solo aspira a un timón que no le dejan alcanzar.
El problema siempre está en creer en las reglas salvo cuando nos toca aplicarlas a nosotros mismos. Yo he sido el primero que le ha mentido a la conciencia para ocultarme, y parece que no hay regla sacrosanta salvo la del propio interés, pero lo malo es que esa regla es particular de cada uno y necesitamos de nuestra propia fuerza para ejecutarla. Necesitamos reglas para todos, claro.
Es refrescante ver cómo Pedro Sánchez defiende el orden internacional frente al ataque estadounidense. Sin que suene a reproche, habría deseado que hubiera mantenido la misma firmeza en el Sáhara Occidental. El error de ayer, aun así, no le quita mérito a la acción de hoy, pero el vector futuro es incierto, aunque el presente sea emocionante.
Es refrescante ver cómo Feijóo pone por delante de la ley internacional los derechos humanos, aunque no puedan existir los unos sin la otra. Sin que suene a reproche, hubiera deseado que pasados gobiernos de su partido hubieran tenido esa misma óptica presente. Ese interés por las mujeres y las personas LGTBIQ+ tan iraníes, tan extranjeras, contrasta con la desidia en su defensa de las políticas feministas en general y de las concejalas de Móstoles, por ejemplo, en particular.
Es refrescante ver cómo Antelo denuncia la falta de democracia interna de Vox y se pregunta cómo será cuando gobiernen. Sin que suene a reproche, se ve que no se le apareció el espíritu democrático en sus noches de triunfo electoral, pero ahora ha tenido una conversión damascena. Nunca es tarde, dicen, pero un poco sí.
Confiemos en que no sea tarde para todo.
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