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Una medallita, por el amor de dios

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21.02.2026

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante un pleno de la Asamblea de Madrid / Europa Press

Estoy alarmado, preocupado y entristecido por el derrotero que está tomando nuestro mundo. Veo que las fuerzas de ultraderecha están avanzando de forma inquietante. No solo en España, donde hemos comprobado que, en las elecciones de Extremadura y de Aragón, Vox ha duplicado sus escaños, sino también en el mundo entero en el que ostentan el poder personajes tan siniestros, a mi juicio, como Trump, Milei, Orban, Meloni, Kast (ultraderechista recientemente elegido en Chile), Abascal o Ayuso…

Y la preocupación no proviene tanto del hecho de que aparezcan políticos de esta calaña cuanto del hecho incontestable de que esos personajes hayan sido aupados al poder en elecciones democráticas. No me basta la explicación de que los electores y electoras están hartos de otras políticas y quieren un cambio. ¿Un cambio? Pero, ¿de qué cambio se trata? Porque los programas electorales y las políticas posteriores de estos candidatos una vez en el poder están muy claros: xenofobia extrema, privatizaciones masivas de la sanidad y la educación, negacionismo medioambiental, olvido de los desfavorecidos, odio al adversario, rechazo del feminismo, capitalismo salvaje, endurecimiento de las condiciones laborales, restricciones de la libertad… ¿Ese es el cambio que promueven los votantes que vienen del hartazgo? Porque otra cosa sería votar a un candidato o una candidata que presenta un programa en el que se promete libertad, igualdad de oportunidades, garantía de los derechos, mejora de las condiciones de vida, ayuda a los desfavorecidos, sanidad y educación para todos y para todas…

Y, lo más grave, desde mi punto de vista, es que los jóvenes estén protagonizando con su voto este cambio que, a mi juicio, es alarmante. Porque confunden el cambio con la mejora. No todos los cambios son mejoras. Está muy claro que lo que votan es algo diferente a lo que tienen pero, sería estúpido votar así si lo nuevo va a ser peor. Me pregunto por los valores que impulsan el voto de esa juventud que, envuelta en la bandera preconstitucional, gritan con odio consignas contra los inmigrantes, contra las evidencias científicas sobre el cambio climático y que no se duelen de la desigualdad que genera la privatización de bienes y servicios.

Habrá visto el lector o lectora que he incluido en la lista de ultraderechistas a la señora Ayuso. No ha sido un desliz, ha sido fruto de la constatación de que su pensamiento y su política está muy bien alineada con el resto de los citados. De hecho ella no oculta quiénes son sus ‘amigos’ o ‘sus referentes’. Y me voy a centrar en adelante en una forma de identificación inequívoca como es la concesión de la medalla internacional de la comunidad de Madrid.

Antes de pensar en los destinatarios de las medallas que reparte la señora Ayuso y en los criterios que utiliza para concederlas quiero plantear mis dudas sobre la competencia de una comunidad autónoma para conceder una condecoración oficial que solo corresponde al Estado. Es decir que solo el Rey o el presidente del gobierno gozan de la atribución de establecer relaciones soberanas con otros países o jefes de Estado.

La política internacional de un país le corresponde al gobierno de la nación. Por respeto al presidente de su país, a la corona e, incluso, al presidente de su partido que es el jefe de la oposición a quien corresponde marcar el rumbo de la política internacional del partido, debería renunciar a un protagonismo tan ridículo como nefasto.

De hecho, no conozco otra autonomía española de las dieciséis restantes que haya acuñado una medalla internacional destinada a distinguir a jefes de estado o a naciones del mundo. Esta señora odia a los independentistas pero ella es la más independiente de todos. Es independiente de todos sus compañeros presidentes, del presidente de su partido y, por supuesto, del presidente de su país. Por eso se permite negarse a cumplir algunas leyes, por eso se ausenta de la conferencia de presidentes, por eso no acude a la cita de la Moncloa y por eso toma iniciativas que solo ella toma como si tuviera patente de corso.

La señora Ayuso se considera tan importante que probablemente se imaginará a los presidentes de los países más poderosos del mundo haciendo méritos para que se fije en ellos y les conceda una medalla internacional de su comunidad. Tan importante se considera que verá en sueños a los mandatarios más poderosos del mundo dirigiéndose a ella diciendo: Una medallita, señora presidenta, por el amor de Dios. A quien hace grande la concesión de la medalla internacional de la comunidad de Madrid, no es al destinatario de la concesión, que ya lo es, sino a quien la concede. Solo así se entiende su interés por conceder la medalla internacional de la comunidad de Madrid no a los presidentes de otras comunidades del mismo rango institucional sino de un país poderoso.

A la señora Ayuso le gusta conceder medallas. No es que le guste conceder una medalla a un alcalde de su comunidad que ha hecho una gestión innovadora y de gran repercusión social en el pueblo. No. Lo que le gusta a ella es colocar medallas en la pechera de un presidente de gobierno.

Y ahora vamos a ver a quién le concede la medalla y por qué motivos.

Condecoró a Javier Milei cuando estuvo en Madrid hace unos meses, previos insultos del visitante al presidente del gobierno español. Creo que esos insultos formarían parte de los méritos que atesoraba el presidente de la motosierra.

¿Qué es lo que quiere premiar la presidenta?, me pregunto. Estoy seguro de que una buena parte de su Comunidad no la aplaudió por ello. Y tampoco lo celebró una buena parte del pueblo argentino. Ayer compré con pesos argentinos un billete de avión Málaga-Madrid-Buenos Aires y comprobé que para comprar un euro hacían falta 1.650 pesos argentinos. Viajo con frecuencia a Argentina. He visitado hasta la fecha 142 ciudades diferentes para impartir alguna conferencia. Tengo amigos que me hablan con desesperación de la realidad del país, que cuentan cosas horribles como la retirada de fármacos a enfermos oncológicos que empezaron a morir como moscas.

Ya escribí sobre la imposición de esta medalla en un artículo que titulé ‘Hay que tener cuajo’. Ese mismo presidente homenajeado por Ayuso recibió unas semanas después, en la misma solapa, la ‘medalla de las tres íes’ que le impuso Jair, el hijo de Bolsonaro, en una ceremonia informal celebrada durante la Conferencia de Acción Política Conservadora que tuvo lugar en el Balneario Camboriú /Brasil en julio de 2024. Contemplé la ceremonia barriobajera en televisión, una ceremonia que provocaría sonrojo a cualquier persona con una sensibilidad adormecida y vergüenza ajena en cualquier persona normal.

Las palabras en lengua portuguesa, que comienzan por la letra i son las siguientes:

Imorrível (literalmente que no muere) aludiendo a la supervivencia del propio Bolsonaro cuando fue atacado con arma blanca en 2018.

Imbrochábel (sin traducción directa al castellano) que significa virilidad masculina, es decir que no ha fallado nunca en la relación sexual con una mujer.

Incomível (literalmente que no se puede comer) usado de forma irónica para expresar que no ha tenido relaciones homosexuales pasivas.

Se puede colegir fácilmente que la medalla de las tres íes tiene un componente machista y homofóbico hediondo. Está claro que las mujeres no reúnen los méritos para recibir esa distinción.

Y ahora, la señora Ayuso, quiere conceder una medalla internacional a los EEUU por sus 250 años de independencia. Porque ha sido el Faro de la libertad para el mundo. Dice la presidenta que la Comunidad de Madrid (¡ella es la Comunidad de Madrid!) concede la medalla a una nación, no a una persona. Claro, a una nación que tiene hoy un presidente al que, por lógica, entregará la medalla. Y, claro la entrega se hará en la Casa Blanca, no en la Puerta del Sol. ¡0 vendrá Trump a ser condecorado por Ayuso? Un presidente que está imponiendo a su país unos aranceles exorbitantes, que está apaleando y deteniendo a los inmigrantes hispanos y matando a gente inocente, que quiere convertir la franja de Gaza en un resort de lujo, que pretende anexionarse Groenlandia «por las buenas o por las malas», que organizó un asalto al Capitolio, que aparece en los papeles de Epstein, que está manteniendo un bloqueo criminal a Cuba, que tiene sobre sus espaldas acusaciones gravísimas, que acaba de matar a un centenar de personas en Venezuela y de secuestrar a su presidente, que es un autócrata de tomo y lomo….

Dios los cría y ellos se juntan, ellos se apoyan, ellos y ellas se admiran y se condecoran. ¿No habrá otra medallita para Netanyahu? Algo tenemos que hacer. Este rumbo nos lleva al abismo.


© La Opinión de Málaga