Luces, cámara… ¡Acoso sexual!
Salieron por la puerta de atrás del periodismo Jorge Alfredo Vargas y Ricardo Orrego, dos de las estrellas de Caracol, pues terminaron siendo protagonistas de su propia crónica: Acusados de acoso sexual. Miren cómo es la vida. Desde Caracol contribuyeron para despedazar a la familia del presidente Petro —metiéndose hasta en las cobijas—, cuando en la “familia de Caracol” se presentaban esos abusos. Cae bien el dicho de que “la lengua es el azote del culo”. Juzguen ustedes mismos. Claro que esto no puede ser motivo de alegría —aunque sí, hay personas que se alegran—, pues nadie que no controle sus instintos está libre de cometer ese pecado delictivo. Porque el acosador sexual está en todas partes. Está en las familias, en las escuelas, en los colegios, en las iglesias, en las universidades, en las empresas, en los buses, en los taxis, en las calles… En lo público y lo privado. Los medios de comunicación no iban a hacer la excepción. Y no solo pasa en Caracol. Pasa en todos los medios hablados y escritos. Porque en estos medios no hay ángeles; están habitados por gente que —más allá de la fama o reconocimiento que hayan alcanzado— puede tener los mismos vicios y aberraciones comunes y silvestres de acoso sexual, prostitución, drogadicción, alcoholismo, ludopatía… Y aquí hay un punto de reflexión.
El problema no es el vicio o aberración que se tenga. El problema es cómo se controla ese vicio o aberración. ¿Los acosadores sexuales se acabarán? No. Porque el deseo de tener sexo, de copular, de follar —o como se quiera llamar— hace parte de la naturaleza del ser humano. Y la naturaleza del ser no se acaba, no se elimina, no se extingue, simplemente fluye de manera controlada o desbocada. Control sería la palabra clave. Cómo se controla ese deseo sexual para evitar caer en los excesos y prohibiciones. La misma ley es una forma de control que trata de contener el abuso sexual. Pero no basta con eso, pues el instinto sexual busca romper el orden establecido que no respeta género o edades.
Entonces, otra forma de control son los “círculos de protección”: que en el entorno donde se esté gestando el acoso sexual se actúe a tiempo y se denuncie la situación. Es en ese entorno donde la víctima necesita ser escuchada, atendida y protegida a tiempo; sobre todo, cuando la víctima es menor de edad. Hay que seguir descubriendo a los victimarios sin que importe el poder político, social, económico o mediático que tengan.
