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Estados Unidos, de faro global a potencia desorientada

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28.03.2026

A ver, lo digo sin rodeos. Estados Unidos, que durante décadas fue ese faro de libertad, de institucionalidad y de orden, hoy parece otra cosa. El presidente Donald Trump lo ha convertido en un país tercermundista, del que la gente se burla. Y no es una exageración; es, más bien, una preocupación real.

Hoy, Estados Unidos enfrenta problemas que antes criticaba en otros: gente drogada en las calles, ciudades con serios problemas de seguridad, sistemas de salud que no responden como deberían, abandono de los mayores, aeropuertos colapsados con filas interminables… incluso errores en sectores tan críticos como el control aéreo. Entonces la pregunta es inevitable: ¿qué más falta? ¿En serio estamos hablando del mismo país?

Y, mientras tanto, el enfoque externo sigue siendo profundamente cuestionable. Se insiste en lógicas de confrontación, en tensiones internacionales innecesarias y en esa vieja idea de las “guerras preventivas”, que el mundo moderno ya debería haber superado. Porque hay que decirlo con claridad: no se puede justificar una intervención militar bajo la suposición de una amenaza futura. Eso no es derecho internacional, eso es arbitrariedad. Solo es legítimo responder cuando hay una agresión real, no cuando se construyen hipótesis para intervenir. Eso, simplemente, no es legal.

Hoy tenemos a un loco, criminal y convicto, a cargo del arsenal más poderoso del mundo. Y lo más peligroso es que no tiene control alguno. Un personaje ególatra y estúpido que ha metido a Estados Unidos en una situación sin salida en la guerra de Irán.

Por fortuna, vemos a países europeos y asiáticos tomando distancia, evitando seguirle el juego a posiciones que consideran erráticas. Y eso es diciente, porque estamos hablando de socios históricos.

El caso de Medio Oriente es otro ejemplo: una situación compleja, mal manejada, donde ni siquiera hay un control claro sobre los actores involucrados. Es un escenario volátil, peligroso, que refleja improvisación y falta de rumbo. Es, francamente, una cosa de locos.

Al final, esto no es solo sobre un país; es sobre lo que representa. Porque para entender hasta dónde puede llegar la humanidad, basta con mirar lo que ya ha sido capaz de hacer. Y cuando una potencia como Estados Unidos pierde el rumbo, el mundo entero entra, inevitablemente, en una zona de oscuridad y de incertidumbre.


© La Nación