El capitalismo sueña con un mundo sin democracia
Algunas de mis últimas lecturas[1] reflejan mi interés por la evolución de un capitalismo que lleva tiempo transformándose hacia posiciones de radicalismo de mercado (algunos le llaman anarcocapitalismo, otros, realismo capitalista, neoliberalismo, etc.). Esta evolución lleva a que los defensores de dicho radicalismo de mercado sueñen con acabar con la democracia, de ahí la utilidad de la extrema-derecha para sus propósitos. Pero van más lejos, consideran que la nación-Estado ya no es útil y que hay que volver a una especie de feudalismo del siglo XXI del que ya hay modelos, «zonas», que plasman el deseado feudalismo[2].
Si alguien piensa encontrar aquí una defensa de la amenazada democracia liberal, no lo va a encontrar. Sin embargo, la democracia anárquica que plantea Donatella Di Cesare pudiera ser un punto de partida para quienes escribimos desde planteamientos anarquistas[3].
Este plan de lecturas me lleva por caminos, a veces, poco trillados como es el caso del libro de Quinn Slobodian[4] del que vamos a hablar en este escrito-reseña-peculiar. El planteamiento de este autor gira en torno a unas ideas que tratan de clarificar las claves del título de su libro: el capitalismo debe fragmentarse para conseguir facilidades monetarias, eliminación de normativas legales de cada país, fin de los gastos sociales y privatización de cualquier cosa que genere beneficio. Por tanto, el mercado no debe ser limitado de ninguna manera posible y la democracia es una rémora para esas posiciones radicales.
Ese capitalismo de la fragmentación tiene un leve aroma a feudalismo (su recuerdo, para estos campeones del radicalismo de mercado, es mitificado y falseado, pero eso da igual) en el sentido de que la nobleza feudal era un pequeño Estado con competencias jurídicas, de defensa, moneda, etc. Esta élite hereditaria poseía casi toda la tierra y los campesinos-siervos la trabajaban sin posibilidad de participar en la toma de decisiones y sin libertad personal puesto que estaban sujetos a la tierra.
La industrialización con la burguesía al frente consideró que era su derecho explotar los recursos del planeta y sumado a las nuevas tecnologías, pensó que era lógico impulsar un nuevo sistema político: un sistema político liberal que dio voz y voto a los propietarios en la administración del Estado-nación. Pasado un tiempo se extendió el derecho al voto primero a........
