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Mano dura

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24.05.2026

Los hechos delictivos y de corrupción nos salpican a cada instante en la sociedad. A cada rato conocemos de algún incidente de envergadura que no es compatible con los principios y valores que nos han distinguido —y defendemos—, ni debemos aceptar en nuestra existencia y convivencia, como seres humanos con responsabilidad social. Se trata de casos intolerables donde el afectado directo, como casi siempre pasa en estos casos, es el pueblo.

Frente a la ética invariable de la Revolución, están quienes intentan hoy probar las mieles inmorales y detestables de la corrupción. Son los mismos individuos que minan desde dentro la confianza, la traicionan y se creen luego impunes frente a nuestras leyes para terminar obrando con total vanidad.

Algunos opinan que los tiempos de crisis exacerban el flagelo, lo alimentan cual caldo de cultivo. Y es cierto. Sin embargo, tampoco podemos escudarnos en ese trasfondo injustificable. Están los que se........

© Juventud Rebelde