Curanderos (3): La credulidad de la gente
José María Hernández Pérez
02/06/2026 a las 05:50h.En el pueblo de Encomienda de Cuadrilleros, donde el río era la única frontera entre la fe y la razón, vivía la tía Dominica, la ... curandera. Nadie conocía su edad; algunos afirmaban que había nacido el mismo día que cayó el primer rayo sobre la iglesia románica y otros juraban que era nieta de una bruja que los soldados quemaron en los tiempos del cólera. Lo cierto es que sus manos, llenas de líneas como los secos cauces del verano, curaban, o parecían curar, cualquier mal.
Desde muy temprano llegaban a su cueva, hombres cojeando, mujeres con el alma encogida y madres con hijos febriles. Dominica los recibía con una mirada serena y una sonrisa que olía a hojas de menta. Les pedía que dejaran las monedas sobre una piedra plana, porque según afirmaba: «El dinero absorbe el mal si se toca con la mano impura del enfermo».
Su ritual era siempre el mismo. Sobre un cuenco de agua del río colocado encima de la mesa, encendía una vela amarilla y musitaba unas........
