O seguridad o vuestra política será en vano
Mejor que en la calle están / FDV
¿En qué categoría valoran los ciudadanos la seguridad en sus vidas? ¿Antes o después de la comida? No tengo ni idea, pero si miramos alrededor o al pasado no dudaríamos que está entre los primeros puestos. Hace pocos días leí de cabo a rabo un librillo del periodista de ese país Óscar Martínez, Bukele, el rey desnudo que, como se puede imaginar por su carácter crítico a este presidente, tuvo que escribir desde su exilio en España. El libro ya avisa antes de abrirlo que es un perfil del líder autoritario de El Salvador, el mandatario más popular de América en la última década: Nayib Bukele. Sus decenas de casos de corrupción, violaciones masivas de los derechos humanos y pactos criminales que atraviesan todo su gobierno... «¿Y qué?», dicen sus votantes.
Otro libro pero que solo he ojeado es El Salvador de Bukele, que habla de un país densamente poblado al que llamaban «el Pulgarcito de América», que conoció dictaduras sangrientas y masacres, épocas de revolución y «paces» neoliberales fallidas, incluso una fugaz experiencia progresista y que hoy, con sus megacárceles, se ha convertido en un laboratorio global del autoritarismo, como la Argentina de Milei o los Estados Unidos de Trump. Por más que organizaciones de derechos humanos hagan críticas a ello, no se confundan, le sigue votando una mayoría a la que solo le ha dado una de sus promesas: barrer de sus calles a toda la podredumbre humana que las ocupaba. Hecho eso, carta blanca.
México ha sido otro ejemplo. La experiencia actual con la muerte deseada del más carnicero y poderoso de sus narcos ha sumido al país en un desorden y desconcierto que no sabemos en qué acabará, porque cuando el Estado se ha dejado infltrar por la mierda, los más sucios intereses o el mismo miedo va eliminando toda posibilidad de que los ciudadanos decentes puedan vivir en los dominios del mismo. La virtud de los regímenes democráticos, el garantismo, una doctrina jurídica y política que busca proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos frente a posibles abusos del poder público y privado, priorizando garantías como la presunción de inocencia, el debido proceso y la limitación del poder punitivo, se convierte a veces en un baluarte defensivo de los corruptos poderosos y sus lacayos, sus sicarios, su nuevo orden generacional que va mamando todo ello.
Ls pregunta es: ¿cuál es el momento en que un estado democrático debe dar un golpe fuerte en la mesa, con menos garantías pero más eficacias como en un estado de excepción, contra toda esa materia fecal que pelea en cada país europeo por infiltrarse en sus instituciones y que crece con más fuerza que la policía que debe eliminarla de raíz? ¿Cuánto voto da a la extrema derecha cuando ésta propone la eliminación de toda esa casta maldita y la bendición de la seguridad en las calles? Ya hemos visto cómo países del norte europeos y cultos tienen graves problemas en ese sentido y mi pregunta es: ¿cuál es el momento en que un estado puede disminuir garantías pero ganar más eficacias contra toda esa materia fecal que pelea en cada país europeo por infiltrarse en sus instituciones, que crece con más fuerza que la policía que debe eliminarla de raíz? ¿Cuánto voto da a la extrema derecha? Aquí si no se reacciona antes, se tiene la batalla perdida.
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