El CECOT de Keiko
En una columna (ver: “El irrepetible modelo Bukele”. 28/8/2023. M. Lagos. Perú21), anotamos que el exitoso esquema anticriminal salvadoreño no podía replicarse de manera idéntica en Perú. Bukele contó con una “ventaja” simple pero fundamental: los violentos pandilleros maras (MS-13 y Barrio 18) estaban masivamente tatuados, lo que facilitó su identificación y la fase de “extracción” o captura.
Esa marca física, impuesta por las propias pandillas bajo pena de muerte para quien se tatuara sin permiso, no existe en nuestro país, donde el crimen organizado —incluido el Tren de Aragua y sus ramificaciones— opera con perfiles más diversos y difíciles de perfilar de forma inmediata.
Sin embargo, también resaltamos lo que sí es replicable y urgente: la lógica de un doble sistema carcelario. Por un lado, establecimientos para delincuentes comunes de menor peligrosidad orientados a la reinserción social y productiva; por otro, un régimen de máxima seguridad —como el ya famoso CECOT, Centro de Confinamiento del Terrorismo construido en siete meses— destinado exclusivamente a los criminales organizados, brutales e irrecuperables, catalogados incluso como terroristas por sus salvajes métodos contra la población.
Ese es el camino que la presidente Keiko Fujimori está señalando como lo hizo Bukele en El Salvador y lo está haciendo también Noboa en Ecuador. Porque en Perú, como venimos insistiendo desde hace años, el miedo debe cambiar de bando: de las víctimas a los criminales. Mientras no se inocule el serio temor a la prisión en los criminales organizados insalvables, estos seguirán operando sonrientes.
En su reciente visita, López Aliaga, desde Renovación........
