Si no hay inseguridad, lo parece
"Cuando el delito se multiplica, nadie quiere verlo" Bertolt Brecht
Hace unas Navidades, asistí a un festolín en el Bernabéu organizado por una de las empresas catalanas para las que trabajo. Cuando se acercaba la medianoche, como Cenicienta añosa, decidí que era hora de poner pies en polvorosa y volverme a mis cuarteles de invierno. Así que recogí el abrigo y me dispuse a dar un paseo. Cuando alcancé la puerta, una compañera barcelonesa me agarró del brazo y me dijo: “¿Vas a irte a casa de noche, andando y sola?” No borracha y sola, que iba totalmente sobria, les juro, sino andando y sola. Sorprendida, le respondí que claro, que andar de noche por el centro de Madrid es totalmente seguro y que no se preocupara. Me chocó tanto su prevención que aún me acuerdo de la anécdota.
La seguridad no es solo una estadística; es, sobre todo, esa sensación de tranquilidad del ciudadano, ese vivir sin alarma, ese deambular sin preocupación por la ciudad. Con esa definición, podemos asegurar que la percepción de la seguridad en Barcelona ha caído, y si los de dentro y los de fuera sienten que es así, no solo será por algo. La mera impresión de riesgo por parte de habitantes y visitantes ya constituye un problema. Las noticias de los primeros meses del año no ayudan. Mi sensación es que estamos asistiendo a nuevos fenómenos de criminalidad —en cualidad y en cantidad— que están siendo arrumbados o despreciados por los partidos afines al populismo mágico, esos que creen que la bondad de no mirar y no hacer acabará con los criminales; los que nos piden que nos tapemos los........
