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‘Backrooms’, el laberinto de la metamodernidad

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07.06.2026

Opinión ‘Backrooms’, el laberinto de la metamodernidad

@diegos_lgado @diegosalgado.bsky.social

@reinohueco @reinohueco.bsky.social

Entre las apreciaciones del ensayista Fernando Longás sobre el laberinto del minotauro, fabulación del mundo antiguo sustentada en las 1.500 habitaciones que componían el palacio de Cnosos, destaca la correspondiente al surgimiento de la reflexión crítica. Al encontrarnos sin salida, al percibir que todo aquello que constituía un supuesto saber se ha disgregado en opiniones insostenibles, es cuando empieza para Longás la auténtica experiencia filosófica, equiparable a un caminar sin rumbo, un quedarse sin palabras, un naufragio; un “saber del no saber” que representa, a su juicio, la verdadera sabiduría. “La conciencia —explica— de que, si bien el ser humano no puede existir sin saber de sí mismo, nunca podrá penetrar de un modo perfecto el misterio de su existencia”.

En esas circunstancias, el laberinto se erige en metáfora sobre la pérdida de los sentidos de cuanto nos rodea y el minotauro, de las fuerzas que pretenden identificarnos con despojos, hacernos partícipes de las ruinas de “todos los espacios que han sido”, como se escucha en Backrooms. ¿El objetivo de la bestia? Impedir que nuestra reflexión crítica, nuestro deambular sin coordenadas, pueda abocarnos al misterioso saber del no saber; ese estado de conciencia liminal, en el umbral de otro mundo, capaz de trascender la lógica de los lugares y los tiempos que nos han tocado en suerte, que cargamos a la espalda, en los cuales no hemos tenido oportunidad ninguna de operar.

“Lo viejo colapsa, los tiempos cambian, sobre los escombros tiene la oportunidad de florecer nueva vida”, escribió Friedrich Schiller en un momento intelectual clave, el advenimiento de la racionalidad moderna y la reacción romántica. Una reacción que ha adaptado máscaras diversas a lo largo del tiempo, entre ellas la del cine de terror, pero que ha operado siempre en base a un mismo principio: “El único valor de este mundo para la conciencia humana radica en su potencial, bajo determinadas circunstancias, de sugerir otro mundo” (Thomas Ligotti); aunque, a fin de activar la percepción de los abismos y las estrellas, hayamos de estar dispuestos al autosacrificio, a reconocer que siempre habíamos vivido en el castillo y venerado su esplendor incluso........

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