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Apagar incendios, quemar derechos

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21.06.2026

Opinión Apagar incendios, quemar derechos

Secretario general de CCOO del Hábitat

Humo, ceniza, viento, calor, noches sin descanso, turnos interminables, pueblos cercados por las llamas, familias desalojadas, carreteras cortadas, animales muertos, montes arrasados. No es el catálogo de una distopía climática ni el decorado de una película de catástrofes. Es, cada vez más, una parte reconocible de nuestros veranos. Una parte demasiado real. Una parte que, por desgracia, empieza a resultarnos familiar. 

Conviene decirlo al comienzo de una nueva campaña de incendios forestales: no nos enfrentamos al fuego de siempre. Los incendios son más intensos, más rápidos, más difíciles de controlar y, sobre todo, más peligrosos para quienes viven donde suceden y para quienes tienen la obligación profesional de ponerse delante de las llamas. Y eso debería obligarnos a hablar no solo de hectáreas quemadas, hidroaviones y dispositivos extraordinarios, sino también de condiciones laborales, de prevención, de salud, de estabilidad en el empleo y de reconocimiento profesional. Porque detrás de cada operativo hay personas trabajadoras, y porque ninguna emergencia climática puede gestionarse dignamente sobre la precariedad de quienes la combaten.

Los datos son, como casi siempre, más elocuentes que cualquier discurso. En 2025, ardieron en España 354.746 hectáreas de superficie forestal. Hubo menos incendios que la media de la última década, sí, pero ardió muchísima más superficie. Es decir: no necesariamente prende más veces el monte, pero cuando prende, el fuego se nos va de las manos con una facilidad alarmante. Sólo el año pasado se registraron 63 grandes incendios forestales, cuando la media anual del decenio era de 23. Y cinco de los 16 mayores incendios documentados en España desde 1968 se produjeron en agosto de 2025. Así, como suena.

Deberíamos grabarnos esta idea: ningún país serio puede fiar su política forestal a la épica de última hora

Tomemos, por ejemplo, el caso de Jarilla (Cáceres), un incendio que arrasó más de 16.000 hectáreas y movilizó un dispositivo excepcional de 700 efectivos, 81 unidades de bomberos y la UME, 34 aeronaves y personal de 28 instituciones distintas. Y aun así, hubo momentos en los que el fuego resultó inabordable, no por falta de heroicidad, compromiso o entrega profesional, sino sencillamente porque hay incendios que, bajo determinadas condiciones de temperatura, viento, humedad, orografía y combustible vegetal, superan nuestra capacidad de extinción.

Deberíamos grabarnos esta idea: ningún país serio puede fiar su política forestal a la épica de última hora. Porque ese es uno de nuestros grandes errores: acordarnos de los incendios........

© El Salto