La labor
Opinión | El cuerpo en guerra
Es jueves por la tarde. A poco más de 2km de casa, en Sol, se decide en un par de horas en una Asamblea multitudinaria el futuro de las actuales protestas, la desascalada de la acampada y cómo hacer que este hecho histórico tenga un futuro, que no quede en la anécdota. Hace tiempo que no conecto con el exterior. Esto es, me siento una mala ciudadana pero mi tumulto interior me ahoga y, en ocasiones, me paraliza (literalmente) durante horas. Estoy atrapada en un «mí», quiero escapar de él, hacer fuerza para alargar las extremidades y rozar algo que me conmueva, pero he perdido el sentido del tacto y la emoción no sé dónde quedó.
Sólo me asalta de cuando en cuando y entonces me deshago en lágrimas por echar tanto de menos a Toffee, lo más cercano a una hija que he tenido y tendré. Vivo rodeada de su vacío, de todos los pequeños gestos que ya no son, de la privación de la dulzura, de la parte de mí que murió con ella en una consulta veterinaria después de un ictus al que ella no sobrevivió y yo sí. Daría un mundo porque fuera al contrario. No es sólo la culpa del superviviente: la quiero a ella........
