Ruge, luego existe
Me debía una mención a Abelardo De la Espriella y vaya que cuesta no respirar hondo cuando aparece ‘El Tigre’, elocuente y calculado, siempre listo para escena. Su voz suele imponerse antes que sus argumentos; primero ocupa el aire y, si hay suerte, la idea. Hace rato no vemos buenas telenovelas, pero esta se defiende: su protagonista aún no decide si será el héroe del orden restaurado, villano de sobremesa o cameo glamoroso de sí mismo.
Traje a la medida, mirada ensayada y un GPS que repite ‘recalculando’ cuando la conversación deja el eslogan. Su campaña se parece a un restaurante italiano de mantel almidonado, carta en impecable pronunciación y platos de nombre largo, con anfitrión de cortesía ensayada, pero sin cocina comprobable ni precios a la vista. Faltan los ingredientes, la receta y la cuenta clara al final.
Bombardeos, fumigaciones, economía ligera… le sobran palabras de alto voltaje. Nadie puede negar que esas fórmulas debilitaron........
