El vampiro del fútbol
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Confieso mi ignorancia: yo no sabía en qué parte del mundo estaba Cabo Verde. Tampoco sabía en qué idioma hablaban sus habitantes. Menos todavía sabía cuántos ciudadanos de Cabo Verde se encontraban en su país de origen y cuántos vivían en América. Y por supuesto no tenía idea de lo bien que jugaban al fútbol.
El mundial de fútbol me ha permitido ganar dinero comprando entradas apenas salieron a la venta y revendiéndolas a precios de usura. He ganado más dinero como revendedor que como escritor. Algún espíritu sensible diría que soy un especulador, un carroñero, un mercader del fútbol. Compré bastantes entradas para todos los partidos a disputarse en Miami, ciudad en la que vivo hace tres décadas. Cuando elegí vivir en Miami, la ciudad aún no se había puesto de moda, ni el fútbol se había puesto de moda, ni había un club de fútbol que la representara, ni habían construido un estadio como sede oficial de ese club. Ahora las cosas han cambiado: los ricos se mudan a Miami, las estrellas del fútbol juegan en Miami, ciertos partidos del mundial se disputan en Miami.
No pude asistir al primer juego del mundial celebrado en Miami porque revendí a precios exorbitantes todas las entradas que mi esposa y yo habíamos adquirido con el innoble propósito de esquilmar a los fanáticos de tan noble deporte. Era un lunes por la tarde, a cuarenta grados centígrados, y el aire pesaba casi tanto como el agua. Jugaban Uruguay y Arabia Saudí. No digo jugaban Uruguay “contra” Arabia Saudí porque, en teoría, era solo un juego, un deporte, no una escaramuza bélica. Sin embargo, cualquier enfrentamiento del mundial era una batalla, y más si Uruguay desplegaba sus tropas, cuyos prohombres en botines, comandados por el heroico mariscal Bielsa, arriesgaban la vida en cada aspereza de la contienda. Me hacía ilusión quedarme con tres entradas para ir a la cancha a alentar a Uruguay, pero revendimos todas a los aficionados saudíes, quienes, gracias a que el precio del petróleo se había disparado, se sentían aún más ricos y nos compraban los boletos a precios de atraco, sin pedir descuento. Es decir que la guerra en Irán, y el cierre del estrecho de Ormuz, y el subidón........
