Altisonante
Algunos políticos deberían recordar que, para hacernos discursos, el uso del sarcasmo debe acompañarse de un poco de inteligencia y, para usar insultos, al menos de un poco de gracia. Si hoy les pedimos que nos hablen bonito, no quiere decir que nos mientan, sino que nos respeten.
Ante la ola inminente de pre, pre-pre o francas campañas de propuestas políticas que se avecinan en la entidad con miras a 2027, solicitamos decencia en sus argumentos, porque nadie nos salvará de escuchar, una y otra vez, a algunos de ellos.
Originalmente, hablar de forma altisonante significaba usar un tono exagerado, elegante o adornado para impresionar o demostrar autoridad. Distante de la realidad de los ciudadanos, puede ser; sin embargo, hoy en día también asociamos este concepto con la descortesía verbal, es decir, con el uso de groserías, insultos y palabras vulgares.
El uso de un tono elevado y un vocabulario grandilocuente fue históricamente una estrategia para proyectar autoridad e intimidar a los interlocutores. Sin embargo, esta búsqueda de superioridad solía caer en la exageración, lo que resulta contraproducente cuando el verdadero objetivo de la comunicación es la claridad y la concisión. Entendernos.
Pero dentro de este fenómeno se encuentra también aquello que se conoce como descortesía verbal, manifestada en groserías y palabras malsonantes, la cual genera profundas divisiones. Mientras que algunos........
