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Sobre los guasones (y por qué hoy son necesarios)

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23.03.2026

El guasón es una figura difícil de encajar. Pero existen y no son nuevos. El guasón tiene historia y responde a un determinado contexto que permite su vigencia. El guasón se ríe de lo que, bobamente, aparenta ser serio, ironiza ante el teatro y la ficción de la palabra vacía. Se nutre del humor, lo que indica que lo que hace y dice se afila con la inteligencia. Y sobre todo, pone al descubierto el ridículo de lo convencional. De lo que vive la mentira, la impostura y la idiotez.

En este sentido, la burla guasona cumple un mandato moral. Porque al igual que la sátira o el sarcasmo, quita las mascaras y nos invita a ser, honestamente, nosotros mismos. No se enreda, en suma, en pomposas y falsas argumentaciones sino que da pellizcos y tira de las orejas para que espabilemos.

El guasón se nutre del humor, lo que indica que lo que hace y dice se afila con la inteligencia. Y pone al descubierto el ridículo de lo convencional

El guasón, que a veces puede ser tomado como maleducado, es diferente del gamberro o de otros tipos que denotan mas carencia de formas que agudeza mental. Porque se puede ser guasón usando un lenguaje que no trata de herir ni de hacer alarde de superioridad alguna. No busca denigrar al otro. Lo que busca es que no quede atrapado en los enredos del poder. El gamberro, por su parte, va de bromista y suelta chistes, ocurrencias de poca monta que vienen bien para agilizar una comida de cuñados. Si se pasa, será grotesco.

Decía Caro Baroja que los de Bilbao somos gamberros. No lo sé. Puede haber algo de verdad. Pero nos redimen nuestros chistes. Estos dan la vuelta al mundo entre aplausos .

No hace falta que añada que los guasones serían bienvenidos hoy. Incluso son necesarios. Tanto es el ridículo que nos rodea.


© El Confidencial