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Dividendos vs. crecimiento: guerra de egos en Twitter

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26.03.2026

El otro día, leí a un tuitero presumiendo porque su estrategia de inversión en dividendos le permitía seguir cobrando rentas, a pesar de las recientes caídas del mercado. Lo cual es un poco una falacia, como veremos más adelante. Pero vayamos por partes.

Los inversores en dividendos y los que priorizan el crecimiento se pasan la vida discutiendo en redes sociales, algo que siempre me ha llamado la atención. A mí, qué queréis que os diga… no me parecen en absoluto opciones excluyentes. Pero la cuestión es que se llevan a matar.

Los críticos con la inversión en dividendos argumentan que las compañías más generosas con el accionista presentan menos potencial de revalorización, ya que su modelo de negocio es muy maduro y no está explorando nuevas vías de crecimiento. ¿Tienen razón en esto? Pues según se mire. Es cierto que algunas de las compañías más alcistas en los últimos años han sido blue chips como Amazon o Tesla, que no suelen pagar dividendo porque prefieren reinvertir todo el beneficio para crecer.

Pero también es cierto que muchas compañías no retribuyen al accionista porque sencillamente no generan el beneficio suficiente (lo cual es siempre una mala señal). O bien sí que generan beneficios, pero los reinvierten en una estrategia de crecimiento que no da los frutos deseados.

De hecho, si nos fijamos en un índice centrado en compañías de alta rentabilidad por dividendo, como es el S&P 500 Dividend Aristocrats, veremos que, en los últimos veinte años, la rentabilidad es bastante similar o incluso ligeramente superior a la del S&P 500. Sin embargo, el nivel de riesgo del primero fue considerablemente más bajo, con menor volatilidad y caídas menos acusadas en los momentos bajistas. Lo cual no es de extrañar si se tiene en cuenta que para ser un "aristócrata", una empresa debe haber aumentado su dividendo durante al menos 25 años consecutivos, por lo que suelen tener balances muy sólidos.

Por tanto, la inversión en valores de alta rentabilidad por dividendo presenta, cuanto menos, una gran ventaja. Las compañías que reparten beneficios de forma sostenible en el tiempo dan menos sustos. Tal vez no peguen el petardazo en bolsa como una tecnológica de última generación, pero a cambio tampoco es probable que acaben siendo un proyecto fallido.

Sin embargo, los fans del dividendo no suelen apelar a este argumento. En su lugar, prefieren alardear de los dividendos cobrados. Así, en efectivo. Son innumerables los tuiteros que presumen de la caja que llevan acumulada gracias a las compañías dividenderas que tienen en cartera. Lo cual está muy bien si en algún momento se comparasen con el índice de referencia (uno total return, que incluya el pago de dividendos), cosa que no hacen.

Por otro lado, los defensores de esta estrategia suelen sacar pecho en momentos de alta volatilidad como el actual. Recordemos al tuitero que mencionaba al principio. "Las bolsas están cayendo, pero yo sigo cobrando mis dividendos", afirma. Este argumento tiene trampa. En realidad, los inversores que no priorizan el dividendo no cobran porque no quieren. Si necesitasen efectivo, les bastaría con reembolsar. No lo hacen porque es claramente ineficiente en términos fiscales y porque, en definitiva, no les hace falta cobrar ese dinero de forma regular. Prefieren hacerlo crecer.

Y con esto llegamos a lo que para mí es la clave de todo este asunto. Ninguna de estas dos estrategias, cuyos defensores se enfrentan de manera tan encarnizada, es en realidad mejor que la otra. La clave, como siempre, radica en analizar cuáles son tus necesidades como inversor. ¿Necesitas cobrar una renta de manera periódica para complementar tus ingresos? Las compañías -o fondos de inversión- con foco en el dividendo pueden ser una excelente opción. ¿No te hace falta hacer caja por el momento? En ese caso, puedes apostar por otro tipo de compañías o, simplemente, invertir en el fondo que quieras, a través de la modalidad de acumulación. Así, tu inversión será más eficiente en términos fiscales y potenciarás el efecto del interés compuesto.

En definitiva, la clave es muy sencilla: la mejor inversión nunca es la más rentable, suponiendo que eso fuera posible de discernir. La mejor inversión es siempre la que más encaja con tus necesidades. Todo lo demás es ruido.


© El Confidencial