Agua pasada no mueve molino
Creado: 01.04.2026 | 06:00
Actualizado: 01.04.2026 | 06:00
Agua pasada no mueve molino». Este refrán, tan arraigado a nuestro imaginario popular, guarda una verdad económica que, a menudo, preferimos ignorar en favor de la nostalgia de lo que fue nuestra tierra hace no tantos años atrás. Si alguien ha actuado, durante el último siglo, como el notario de nuestra tierra, dando fe de cada gota de agua que ha pasado por nuestro molino y relatando cada hito que ha ido forjando una compleja y valiosa identidad social y económica, ha sido El Diario de León.
Tresca Ingeniería, que este año celebra su 25º Aniversario diseñando, aportando y siendo testigo del desarrollo empresarial y tecnológico de nuestro país. Desde nuestra empresa, un cuarto de siglo nos ha dejado una enseñanza clara sobre lo que funciona o no en el ecosistema empresarial. La primera de las lecciones aprendidas. En cualquier proyecto empresarial coexisten dos fuerzas fundamentales: la corriente, que es donde se coloca el proyecto, de donde sale, el entorno y la oportunidad, y los remeros, el capital humano que impulsará el proyecto. Sin embargo, no hay remero que empuje, que reme, si la corriente no es la adecuada. Detrás de un proyecto empresarial de éxito, hay, sin duda, buenos remeros, pero, también, hay un proyecto colocado en una corriente que impulsa y tira de él con fuerza. Nuestra tierra, León, ha disfrutado de varias corrientes a lo largo de su historia, como la minería, la producción de energía, el carbón, señas muy identificativas de lo que fue León, y que, sin duda, han impulsado nuestra tierra y a su gente durante muchos años. Pero debemos ser honestos, y detenernos a observar la realidad que vivimos: esa corriente, ya está seca, y por más que miremos atrás no se va a recuperar. Por eso, el gran reto de León y de los leoneses, es volver a colocarse en una corriente que nos haga navegar hacia el futuro, donde los excelentes remeros que ya tenemos puedan desplegar todo su potencial y llevar a León a la cabeza del desarrollo, de nuevo. Mirar atrás, en este contexto, solo sirve para alimentar una melancolía mala, que nos drena la energía necesaria para impulsarnos al futuro. El agua que ya pasó no sirve para navegar, no sirve para alimentar la sed de conocimiento, emprendimiento, desarrollo y crecimiento que nuestra provincia pide, demanda y ruega, a día de hoy. Debemos comprender, y asimilar, que el pasado, por glorioso, ilustre o histórico que sea, no moverá nuestro molino. León es hoy un jugador en el tablero de la economía moderna. No tenemos mejores, ni peores cartas que el resto de regiones, nuestro resultado final vendrá determinado por la inteligencia y determinación con la que juguemos nuestra baza. Pero, para empezar a jugar, debemos dejar de lamentarnos por el agua perdida y empezar a exigir ambición, para poder encontrar un buen caudal de nuevo. A menudo, no logramos interpretar correctamente la ambición, pero en su sentido más puro y estricto, es el deseo firme de alcanzar una meta mejor, más elevada, tener más reconocimiento y mejorar nuestra situación mediante el esfuerzo, la capacidad, la constancia y la disciplina. Es el motor que nos saca del conformismo. Para que León prospere, hemos de aplicar esta ambición en torno a tres ejes fundamentales: A nivel individual debemos exigirnos ser mejores cada día en lo que hacemos, buscando la excelencia profesional y el crecimiento personal. A nivel empresarial debemos fomentar empresas que no se conformen con sobrevivir, sino que tengan una ambición sustancial por crecer, competir, mejorar y liderar sus respectivos mercados. Por último, a nivel político, debemos reclamar a nuestros representantes políticos, tanto dentro, como fuera de León, la máxima ambición por buscar activamente nuevos cauces en los que remar a un futuro mejor, acompañando a la sociedad leonesa, que ya ha demostrado su firme determinación por mejorar, crecer, evolucionar y no desaparecer en la nostalgia de lo que un día fuimos. En última instancia, debemos ser plenamente conscientes de que el futuro no es algo que simplemente sucede, sino algo que se construye activamente, día a día, sabiendo distinguir y elegir las corrientes adecuadas en las que colocarse, y remando con una constancia y disciplina inquebrantables para mantenernos en ellas. El futuro ya es hoy. No se trata de, simplemente, olvidar quienes fuimos, se trata de entender que nuestra historia debe ser, tan solo, el cimiento, no la condena que nos encadena a la mediocridad. La verdadera fidelidad a nuestras orgullosas raíces leonesas, reside en la valentía de aplicar hoy la misma audacia que tuvieron aquellos que, en su día, encontraron las corrientes de las que nosotros hemos bebido durante décadas. Mirar al frente, no es solo un ejercicio de optimismo, es una forma de supervivencia, y una responsabilidad ética con las generaciones venideras. Es hora de dejar que el agua pasada descanse en el cauce de la historia y centrar todas nuestras fuerzas en el agua que viene de frente, la única que tiene el poder de mover, de nuevo y con más fuerza que nunca, nuestro molino.
