¿Será verdad?
Leía en un medio de comunicación escrito: «23 aviones de Qatar Airways aparcados en el Aeropuerto de Teruel». Como dicen algunos, el más rentable de Europa. Recuerdo cuando salió la noticia de que se proyectaba hacer este aeropuerto en la zona de Caudé. La incredulidad de los turolenses alcanzó los máximos parámetros atribuyéndolo a las fantasías de algún político del momento. No era otro que el presidente de Aragón, Marcelino Iglesias (que sea dicho con todas las letras, la acertó de pleno). Rápidamente los comentarios se dirigieron a recordar los aeropuertos fantasmas de la época, el del «abuelo» en Castellón, Ciudad Real o Lleida. La pandemia demostró que lo que era una ‘chulada’ a priori fue un acierto en toda regla. Pasabas por allí y a simple vista veías cantidad de aviones que no tenían donde quedarse en el paro obligado de la aviación comercial. Viene a cuento porque este ‘anuncio’ interesado demuestra que una parte de la flota de países de la zona del Golfo Pérsico está en tierra y sin poder volar en las rutas que vienen de Asia. A continuación, se ha disparado la especulación sobre la seguridad en los lugares turísticos en las zonas influenciables del conflicto de Estados Unidos e Israel con Irán. De ahí que España se haya convertido en uno de los destinos preferidos (como entonces). Así lo demuestra el incremento de las reservas esta Semana Santa. Algunas informaciones lo situaban en el 50%. Y es un indicativo de lo que puede ocurrir en ‘la temporada’. ¿Será verdad? Ya se sabe, cuándo el río suena… La cuestión es si nuestras infraestructuras turísticas están a la par del aumento previsto. La oferta es la que es y realmente las inversiones realizadas por el sector privado dicen que sí. La otra parte de la parte contratante, que diría el cómico, es sin duda el personal que ha de confirmar la calidad del servicio. Llevamos tiempo hablando de la carestía de la vida en las Pitiusas y especialmente el problema endémico de la vivienda, que viene lastrando las posibilidades de supervivencia (ya no hablamos de calidad de vida). Consolidar una oferta turística no se termina con unas instalaciones óptimas. Precisa también de un servicio acorde con la exigencia del cliente, especialmente si tenemos en cuenta la factura final de su estancia. Lo cual incluye la parte gastronómica que se complementa sin lugar a dudas. Plantearlo no es resolverlo, se dirán. Pero esconder el problema con unos resultados económicos óptimos lleva a engaño. Necesitamos un planteamiento a largo plazo, pero medidas a corto.
