La mano en el fuego
Hay una forma de militancia que ya no piensa. Se entrega. Llega un punto en que el militante deja de discutir consigo mismo, deja de leer el periódico con los cinco sentidos y empieza a leerlo con uno solo: el de confirmar lo que ya traía decidido de casa. Lo demás es ruido, manipulación, bulo, fachosfera. Cualquier palabra sirve con tal de no tener que mirar.
En cualquier otro terreno de la vida, esta postura daría risa. Nadie presume de no ver los defectos del equipo al que anima domingo tras domingo. Nadie se jacta de defender una novela mala de su escritor favorito como si fuera la Ilíada. Cuando el cuñado se empeña en que su coche no consume, le reímos la gracia y cambiamos de tema. Pero en política no. En política hay quien ha hecho de la ceguera una bandera y del pudor un estorbo.
Y conste que no hablo de discrepancias puntuales, de esas que cualquiera tiene con los suyos. Hablo de algo........
