Estiramientos de nómina
He sustituido el gimnasio por los estiramientos de nómina. Inquilina, con un sueldo que no llega ni a la mitad de lo que, según algún sindicato, hace falta para vivir en Ibiza, mi ruta cardiosaludable es hoy la de los supermercados y las tiendas con ofertas de comida, una información que compartimos entre vecinos como oro en paño. Nada de preguntarse qué producto es mejor: en mi mundo, lo que de verdad importa es quién lo vende más barato. Para quienes no criamos gallinas, los huevos payeses son ya lujo de fiesta mayor.
Pensaba en eso ayer, mientras volvía a casa con una bolsa enorme de alcachofas que compré en la frutería a un euro el kilo y de las que pienso aprovechar hasta las hojas, para el caldo. Como haría Catalina Ferrer, que en el curso de cocina de Cuaresma contaba este jueves cómo se las apañaban antes con lo poco que había: «De cualquier cosa de temporada tú preparabas un arroz, un guisado, lo que fuera... En aquel tiempo no hacíamos basura», recordaba.
En la Ibiza de hoy también existe una gastronomía de subsistencia. Pero no es saludable, ni sostenible, ni tiene nada de memorable. Es la de las familias ahogadas por el alquiler, la hipoteca, los recibos y los gastos. La de quienes comen lo que pueden. O, más exactamente, lo que menos cuesta.
Familias sin capacidad de ahorro ni expectativas de mejora, que han visto dispararse el precio de la vivienda y de la vida entera mientras sus salarios se encogían, y a las que ahora les espera otra vuelta de tuerca por culpa de los mercaderes de la muerte estadounidenses e israelíes, que «liberan» niñas a bombazos.
He oído a expertos y a algún CEO decir que la guerra de Irán podría «beneficiar al turismo» de Ibiza de rebote. Es un cálculo obsceno y deshumanizador. Además de tramposo. Puede que alguien engorde su cuenta de resultados, sí. Pero los trabajadores perderemos todos. Lo que viene es una gran crisis, con subidas generalizadas de precios y el fantasma de los cortes de suministro. Más precariedad y más pobreza. Aun así, tenemos suerte: nosotros contamos céntimos; en el Golfo recogen cadáveres. Pero sus muertos, al parecer, no cuentan.
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