Por necesidad
24 de marzo 2026 - 03:07
Según los peritos de la mente y grupos, es la carencia la que perturba la homeostasis (digamos, el equilibrio interno ante el entorno), creando una tensión que mueve a la acción para volver a la calma. Valga llamar carencia al hambre, a la falta de compañía, una vocación profesional, la tiesura económica, al sexo, a la seguridad familiar, a la aceptación social, a aceptarse uno mismo con sus propios mecanismos.
Yo me quedé en Maslow y su discutible pirámide, que tan didáctica es. Es en realidad un triángulo segmentado en cinco franjas, en cuya base están las necesidades inferiores y más biológicas (las Fisiológicas y las de Seguridad), y a partir de ahí activamos otras de índole “superior”, Social; pertenecer y ser aceptado: una pandilla, una misma afición futbolera, un círculo senderista, micológico, tertuliano etílico o solo enológico; una hermandad procesional, el centro de la foto, no estar en la esquina de una escuálida cafetería cual personaje de Hopper, cuando desearías estar en clases de bachata y desconectar el móvil, tantas son las llamadas entrantes. Uno de los mejores discos de la historia se titula La Banda de los Solitarios del Sgt. Pepper. (A ese LP le hubieran puesto Ilusionani o ‘Ja me maten’ y seguiría siendo supremo. Gloria a los Beatles).
Recuperada la homeostasis, al ser querido, aceptado o baranda local, a los humanos nos altera las pajarillas querernos a nosotros mismos. La Autoestima es para los psicólogos como la oferta y la demanda para los economistas: el núcleo irradiador de todo análisis. Cabe decir que de la autoestima a la vanidad va la misma distancia que entre Madrid y Sevilla en AVE hoy. Luego, viene la Autorrealización, el logro: marcarse objetivos y alcanzarlos, y no sólo profesionales. Valdría –hablo por mí— con conseguir que agarre la puñeteramente esquiva passifolia en la reja de la terraza. O hacer tu último maratón antes de quedarte cojo. (Hay una necesidad obviada por Maslow: la de poder, uf).
Yo había venido a hablar de cómo las redes no satisfacen las necesidades sociales más que antes, aún sin ellas. No me ha dado lugar. Y me niego a poner (I) y (II) a dos columnas sucesivas: tanto un paréntesis como el otro espantan lectores: “Me tendré que leer el próximo, paso” o “No me leí el anterior: paso”. Hasta aquí, pues, llegó la pirámide de hoy.
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