Coqueteando con otro apagón eléctrico
Un Gobierno sin más punto de unión que resistir está dando pábulo, con su silencio, al surgimiento de aquellos que fueron capaces, hace 20 años, de llegar a una posición antinuclear y siguen aferrados a ella por comodidad, ya que la actual complejidad de un mundo donde pocas cosas siguen igual que entonces hace muy difícil adaptar tus pensamientos, sobre todo cuando se han convertido en dogmas. Así, ante el silencio del Gobierno, que ha dado el trámite burocrático de la patada a seguir en el Consejo de Seguridad Nuclear a la petición de las compañías para proceder a una moratoria de tres años al cierre nuclear previsto, están proliferando papeles, a cuál más apocalíptico y menos riguroso, sobre cómo dicho aplazamiento (repito: de tres años) significaría la hecatombe para nuestro país y la condenación de nuestro paraíso verde.
Poco importa que seamos el único, repito, el único país del mundo que sigue manteniendo planes de cierre de nucleares (el resto, como Bélgica, incluso con ayudas públicas autorizadas por la comisaria Ribera, ha decidido prorrogar su vida útil o tienen planes de instalarlas), en contra de la recomendación explícita del informe Draghi; poco importa que haya un renacer de la energía nuclear en el mundo, con unos 70 reactores en construcción y otros 120 programados; poco importa que la técnica haya avanzado tanto en seguridad, como en residuos, o, incluso, en minicentrales; poco importa que haya países, como China, que van a ser líderes, a la vez, en instalación de placas solares (340 gigavatios........
