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Ni pánico ni negación: lo que el caso de los niños haitianos no nos deja ver

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Chile vivió en las últimas semanas un episodio que dice más de nosotros que de Haití. Empezó con la filtración del preinforme de la Contraloría sobre el ingreso de menores haitianos por reunificación familiar, y con titulares que hablaban de “184 niños desaparecidos”, de “más de 200”, de una posible red de trata. La Fiscalía abrió investigación de oficio por cuatro delitos: trata de personas, tráfico de migrantes, falsificación de documentos y cohecho. La Moneda convocó una reunión de emergencia. El Congreso anunció una comisión investigadora. Durante varios días, el país creyó estar frente a una operación criminal masiva contra la infancia.

Entonces las autoridades hicieron lo que debieron hacer antes de instalar el pánico: buscaron a los niños. El martes 23 de junio, la PDI confirmó que los 64 menores que figuraban “sin paradero” estaban todos ubicados. Sesenta y tres en Chile, una adolescente en México. Todos bien físicamente, la mayoría escolarizados y con acceso a salud, todos junto a sus familias. El director de la policía civil fue tajante: en esos casos no hay nada acreditado de tráfico ni de trata.

Conviene quedarse con esa frase, pero también con lo que no resuelve. Porque aquí hay dos errores en disputa, y los dos son peligrosos.

El primero es la histeria. El informe final de la Contraloría es severo, pero lo que documenta no es una red de trata: es un fracaso del Estado chileno. Migraciones flexibilizó requisitos legales con un memorándum interno, sin atribuciones, vulnerando la Ley 21.325. Tres servicios —Migraciones, la PDI y la Subsecretaría de la Niñez— operaron sin protocolos comunes ni trazabilidad de los menores.

Y un dato esencial: los 45 vuelos chárter que trajeron a estos niños entre 2022 y 2025 estaban todos autorizados por el propio Estado, vía la Dirección General de Aeronáutica Civil. Todos los pasajeros tenían su residencia temporal. Lo que existió no fue un corredor clandestino, sino un corredor humanitario improvisado, que se armó precisamente porque Chile nunca........

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