menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

De cinco centavitos a treinta segundos de felicidad… ajena

22 0
07.05.2026

¿Cuándo fue la última vez que te quedaste en una emoción incómoda, sin intentar arreglarla? No distraerte, no explicarla, no suavizarla para que sea más presentable.

La mayoría no sabemos responder esa pregunta y no es casualidad: nadie nos enseñó a estar tristes. Nos enseñaron a avanzar, a resolver, a mostrarnos bien, y sobre todo, ahora, a editar la vida antes de compartirla.

Nos dijeron que era mejor no incomodar, y el resultado de esto es una generación extraordinariamente hábil para distraerse y bastante torpe para sentir.

Nos dijeron que era mejor no incomodar, y el resultado de esto es una generación extraordinariamente hábil para distraerse y bastante torpe para sentir.

Parte del problema es que ni siquiera sabemos nombrar bien lo que nos pasa, confundimos o evitamos estados y sentimientos y, al hacerlo, perdemos información valiosa sobre nosotros mismos.

El aburrimiento, por ejemplo, no es el enemigo que creemos. Es un umbral, ese momento en el que, al desaparecer el estímulo externo, la mente empieza a buscarse a sí misma. Ahí podrían aparecer ideas propias o preguntas incómodas, e incluso, claridad.

Pero justo antes de que eso ocurra, hacemos lo que mejor sabemos hacer: interrumpirnos. Abrimos el teléfono, cambiamos de estímulo y nos escapamos; no del aburrimiento, sino de lo que podría emerger de él.

La frustración, por otro lado, es distinta: tiene dirección e intención, es energía que no encuentra salida y por eso algo duele, porque todavía importa, porque todavía hay deseo, porque contrario a eso está el que ya no quiere, y ese no se frustra: se resigna; por eso, bien leída, la frustración es casi un mapa que te dice dónde estás y hacia dónde ibas antes de........

© Vivir en El Poblado