Cuando el odio sale rentable
Donald Trump, en imagen de archivo. / Michael Brochstein
Cuando el odio sale rentable, deja de ser un desahogo y se vuelve estrategia. No es solo que exista odio, es que empieza a ordenar el espacio público. Se premia el golpe rápido y la deshumanización, el debate deja de buscar salidas y se dedica a señalar culpables, y la democracia no cae de golpe, se va encogiendo.
El informe 'Mapa de odios. Situaciones de odio y discriminación en España' lo confirma. El odio se percibe sobre todo en redes sociales, tanto entre menores como entre adultos, y se extiende por mensajería y por el ecosistema mediático. Cuando el entorno dominante premia el golpe, la burla y la deshumanización, la democracia se encoge. No porque desaparezcan las elecciones, sino porque se degrada la capacidad de convivir y deliberar.
Conviene decirlo con claridad para no caer en una equidistancia cómoda y falsa. No todos participan igual ni con la misma responsabilidad. El odio no crece por generación espontánea. Se impulsa, se amplifica y se rentabiliza. En contextos electorales, el discurso puede convertirse en un arma para obtener rédito, señalando y deshumanizando a minorías, migrantes, refugiados y otros colectivos. La lógica es conocida. Simplifica la realidad, ellos son el problema. Une al propio bloque, nos atacan, defendámonos. Y desplaza el debate desde lo verificable hacia lo visceral.
Si buscamos quién se beneficia, el propio 'Mapa de odios' ofrece una........
