Abelardo de la Espriella, el mordisco del tigre
Abelardo de la Espriella, presidente electo de Colombia.
Colombia ha quedado fracturada. Rota en dos bloques casi idénticos. La victoria en las elecciones presidenciales de Abelardo de la Espriella por apenas un punto porcentual sobre el candidato de la izquierda heredera del 'petrismo', Iván Cepeda, no es la victoria de un partido o un programa, sino de un movimiento caudillista de extrema derecha que quiere subvertir el orden constitucional desde el poder para reconfigurar la sociedad y en general la cultura política de Colombia.
De la Espriella y su tropa deberían sacar al menos una lección de su victoria: la mitad de los colombianos no se identifican con sus objetivos y sus valores. Pero el presidente electo no lo entiende ni quiere entenderlo así.
De la Espriella es una combinación estrafalaria de 'bon vivant', orate, y facha. ¿Por donde empezar? Cuando se trata de hablar de inspiraciones y valores vitales antes que a su padre –un notario liberal que llegó a diputado– menciona los vallenatos. También le gusta la salsa.
Sus discursos, es cierto, tienen cierto ritmo de vallenato. “Vamos a acabar con toda esta gentuza. Vamos a destruir toda la obra de Petro y sus amigos corruptos, homosexuales y guerrilleros y narcos, vamos a acabar con la corrupción........
