La importancia de los clubes sociales deportivos para la ciudad
Instalaciones de la Sociedad Deportiva Tiro de Pichón es un club referente en Elche y en la provincia, que nació hace más de un siglo, concretamente en 1919. / Áxel Álvarez
Los clubes sociales deportivos están en peligro de extinción, si nadie lo remedia. Los tiempos modernos y un mercado cada vez más copado de gimnasios y franquicias aupados por fondos de inversión hacen que, en cada esquina, nos encontremos uno. Y que haya tropecientos gimnasios es bueno, pues promociona el ejercicio físico, el deporte y la salud en la sociedad. Pero, en este mundo tan frenético, digitalizado y, a veces, deshumanizado, encontramos los clubes sociales deportivos, que no son solo espacios para practicar deporte; son parte fundamental de su tejido social, cultural e incluso económico.
En Elche, como en tantas otras ciudades, estos clubes han sido, y siguen siendo, auténticos motores de cohesión social, espacios de crecimiento intergeneracional y escenarios donde se forjan amistades, y negocios, que duran toda la vida.
Y es que los clubes sociales deportivos han acompañado la transformación de nuestras ciudades desde hace décadas. Su presencia es incluso centenaria si hablamos de la Sociedad Deportiva Tiro de Pichón (1919), desde 1962 si hablamos de la Unión Excursionista Elche y, hace ya también varias décadas desde la fundación de otro histórico como el Club de Campo Elche, sin olvidar el Club de Tenis, que aunque ya no se rige por sus estatutos fundacionales, sigue con fuerza en el camino de Asprillas.
Todos estos clubes han sido lugares de encuentro donde familias enteras han compartido tiempo, valores y tradiciones. Son parte de la memoria colectiva de Elche, testigos vivos de cómo ha evolucionado nuestra sociedad pasando por sus instalaciones no solo familias locales sino personajes ilustres de la cultura, el deporte, la política… Lugar de encuentro de empresarios que, con su esfuerzo y dinero, han hecho de Elche una ciudad grande y referente.
Hoy, estos clubes siguen siendo imprescindibles para ofrecer a niños, jóvenes y adultos alternativas de ocio saludables, accesibles y cercanas. Son espacios donde el deporte y la vida social y empresarial se entrelazan para seguir manteniendo esa tradición y cercanía en un mundo cada vez más global pero cada vez menos social.
Sin embargo, algunos de estos clubs han ido desapareciendo pues la sostenibilidad de éstos no solo depende de la buena voluntad de sus juntas directivas o asociados. Vivimos en una época donde la profesionalización del sector es imprescindible. La gestión de un club deportivo social debe ser tan rigurosa como la de cualquier empresa: con planificación estratégica, liderazgo cualificado, control de ingresos, de gastos, optimización de recursos y, sobre todo, con una visión largoplacista que le dé sostenibilidad en el tiempo, más allá de la cuenta de resultados.
El voluntarismo, que durante años permitió el desarrollo de muchos clubes, necesita hoy complementarse con profesionales (que los hay muchos) capacitados que impulsen procesos de mejora continua, adaptación al mercado actual y que exploten nuevas vías de desarrollo de negocio en un sector cada vez más copado de grandes fondos de inversión.
El tiempo de las gestiones por inercia ha pasado. Es momento de apostar por estructuras modernas, procesos más transparentes y toma de decisiones basada en datos que permitan que los clubes sociales sigan vivos, después de tantos años.
Y ahí entra en juego la cuenta de resultados, que no solo tiene que ser un mero documento contable sino que tiene que convertirse en una guía de gestión diaria.
Un club saludable, y no deportivamente hablando, es aquel que no solo ofrece buenos servicios deportivos y actividades sociales y familiares, sino que también es capaz de generar ingresos recurrentes y sostenibles, controlar sus gastos, y reinvertir en sus instalaciones, actividades y proyectos para hacer crecer la masa asociativa. Tener más socios, y que estos sean duraderos, es uno de los principales marcadores de buena gestión de un club.
Gestionar con criterios de eficiencia no significa renunciar a los valores del club, significa protegerlos y garantizar su continuidad pese a los cambios contextuales. Solo desde un equilibrio económico real y guiados por profesionales expertos del sector se podrá seguir ofreciendo el valor social que hace únicos a estos espacios, oasis deportivos y sociales dentro de un mundo deshumanizado.
La historia, el legado y la aportación social de los clubes son indiscutibles. Pero para seguir siendo relevantes, deben profesionalizarse, adaptarse y crecer. Porque proteger estos espacios es mucho más que conservar una instalaciones o unos terrenos: es cuidar la historia viva de la ciudad. Porque Elche es una palabra muy seria.
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