El discurso del señor Carney en Davos
El martes de la semana pasada, en el auditorio principal de Davos, se produjo un silencio que dejó de ser protocolo y se convirtió en conciencia. Hablaba Mark Carney.
Con anterioridad, el presidente de Estados Unidos había mantenido un largo discurso, en el tono acostumbrado y con los mensajes amenazantes de siempre. Hubo gestos de incomodidad, murmullos, alguna protesta ahogada. Al término, sin ovaciones, algo trascendental acababa de ratificarse ante los ojos de una marea de asistentes. El foro que durante décadas había simbolizado la cooperación, la previsibilidad y el orden compartido se había convertido en el altavoz de una ruptura anunciada entre el garante del sistema y el propio sistema.
Cuando Mark Carney subió al estrado no habló como un jefe de gobierno. Habló como alguien que venía a poner nombre a lo que todos habían sentido y pocos habían asumido. "Vivimos dentro de una mentira", proclamó. La frase no era retórica. Era quirúrgica.
Carney recordó una anécdota relatada por Václav Havel. La del tendero que cada mañana colocaba en su escaparate el cartel oficial de "¡Proletarios del mundo, uníos!". No porque creyera su contenido, sino para evitar problemas. La mayoría tampoco lo creía, pero todos lo hacían. Y........
