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Autonomía: fisco y laboratorio

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15.07.2026

Cuando un ciclo político presiente su final, los actores que lo sostienen dejan de negociar el presente y empiezan a negociar su lugar en el siguiente. Es lo que se percibe estos meses en la política española: ante la expectativa de un gobierno de derecha y extrema derecha tras las próximas elecciones, las fuerzas que apoyan la actual mayoría parlamentaria maniobran ya para el día después. La alteración más seria afecta a la relación entre el PSOE –y con él, PSE y PSC– y el PNV. No tanto con Junts y ERC, precisamente porque el nacionalismo vasco no carga con el peso del Procés. El soberanismo catalán, para bien o para mal, encuentra hoy su mayor viabilidad como socio de gobierno de Salvador Illa. El resultado es que el diálogo que debiera darse entre Madrid, Gasteiz y Barcelona se anticipa fácticamente como conversación entre una Jaurlaritza jeltzale y una Generalitat socialista.

Conviene decir con claridad para qué escenario se preparan todos. Cuando en Madrid se imponga un gobierno hostil, lo será por partida doble. Por estructura histórica, porque somos aquello que siempre han querido enmendar: el fracaso de consolidar un Estado nacional a la francesa o, dicho de otra forma, una estructura económica que abra y cierre en la capital; no tener que pasar por Bilbao y Barcelona para decidir sobre nosotros. Y por coyuntura, porque nuestro apoyo a la gobernanza de la última década nos ha colocado en un camino de colisión creciente con un Partido Popular cada vez más dispuesto a concesiones sustanciales a su compañero de viaje.

No es esa la elección que su familia europea necesitaba de él. Donde el Partido Popular debiera ser eslabón clave de la reorganización........

© Deia (Tribuna Abierta)