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Puerto Naos diseña su segunda vida entre hoteles, plataneras y memoria volcánica

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05.05.2026

Puerto Naos no parte de cero. Parte de una herida. Durante años fue uno de los nombres propios del turismo palmero, una franja costera donde se mezclaban apartamentos, un hotel, restaurantes, playa, agricultura y vida cotidiana. Después llegó el volcán, llegaron los gases, llegaron los cierres y la incertidumbre. La zona dejó de ser solo un destino turístico para convertirse también en símbolo de una recuperación difícil.

Ahora, el Instrumento de Planificación Singular Turística (IPST) de Puerto Naos y Charco Verde pretende abrir una nueva etapa. A finales de abril de 2026, la Comisión de Evaluación Ambiental del Cabildo de La Palma dio el visto bueno al inicio del expediente. Conviene subrayarlo: no se han aprobado hoteles ni se han concedido licencias de obra. Lo que se ha activado es el procedimiento que permitirá estudiar, ordenar y someter a consulta pública un plan llamado a redefinir una de las zonas costeras más sensibles de la isla.

El proyecto plantea ordenar 27,7 hectáreas entre Puerto Naos y Charco Verde, con un límite máximo de 2.100 plazas alojativas. La propuesta no invade la playa y reserva más del 55% del suelo a zonas verdes, espacios libres y plataneras. Esa combinación, turismo y agricultura, es una de las claves del relato: no se trataría de sustituir por completo el paisaje agrario, sino de insertar la nueva actividad turística dentro de él.

La cifra de 2.100 plazas tampoco es menor. El plan no se presenta como una expansión ilimitada, sino como una recuperación parcial de la capacidad perdida tras la erupción. Puerto Naos y su entorno llegó a concentrar en torno a 3.000 camas turísticas antes del volcán. El IPST, por tanto, aspira a devolver parte de esa fuerza económica, pero bajo un modelo más ordenado, compacto y sometido a nuevas exigencias ambientales.

El diseño previsto apuesta por concentrar la edificación en lugar de dispersarla. En la práctica, esto significa crecer más en vertical que en extensión, dejando más suelo libre para jardines, caminos, cultivos y espacios abiertos. Es una solución con ventajas claras: reduce la ocupación del territorio, permite concentrar redes de agua, saneamiento y energía, y facilita la gestión de servicios. Pero también plantea una de las inquietudes de vecinos y grupos ecologistas: que la altura de los edificios pueda alterar el paisaje o generar un efecto de barrera en una costa que no admite errores estéticos ni ambientales.

El expediente entra ahora en una fase........

© Canarias Ahora