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La contradicción de crecer y empobrecerse

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22.08.2026

No hace falta estar muy interesado en los temas económicos para deducir que, si nos dicen que la economía va bien, nos ponemos contentos. El crecimiento económico tiene signo positivo y eso lo hace atractivo, porque parece bueno para la moral colectiva e individualmente: si el conjunto crece, en algo me beneficiará. Lástima que esta creencia no siempre se haga realidad, y Catalunya es un ejemplo de ello.

Empecemos por un concepto elemental. Si una economía crece un 3% en un año, pero si en ese mismo año la población crece un 3%, lo que le corresponde a cada habitante es lo mismo que antes. Una cosa es el volumen global y la otra lo que le toca de media a cada persona. Esto, que es fácil de entender, no siempre se tiene presente. Es más fácil dejarse llevar por el mensaje genérico de que la economía va bien, de que si el PIB aumenta mucho, de que si vamos mejor que Francia o que Alemania, de que si somos la economía más dinámica de Europa, de que si se crean tantos miles de puestos de trabajo, de que si baja la tasa de paro, de que si son verdes, de que si son maduras. Son mensajes tentadores para el mundo de la política y para los medios de comunicación, pero creérselo sin pensar en cómo este crecimiento repercute en nuestra situación personal es hacerse trampas al solitario, es autoengañarse. ¿De qué me sirve el crecimiento económico si no mejoro? O, peor aún, ¿de qué sirve si empeoro en muchos aspectos?

El sistema productivo catalán se ha encontrado de manera permanente con déficits de personal debido a un amplio conjunto de factores bastante conocidos,........

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