Entre dos libretos
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Nunca fue Petro tan Petro como en los últimos días de su gobierno, empeñado en exprimir las últimas gotas del limón del poder, dando órdenes cada vez más patéticas, haciendo sentir con angustia que se ponía el sol.
Ojalá nos toque decir que nunca fue Abelardo tan De la Espriella como en las vísperas de su mandato, empeñado en gobernar antes de tiempo, acosado por la misma inmadurez impaciente, dando órdenes igual de afanosas.
A Petro se le notaba con lástima que ya no tenía el poder, ese que con vanidad le gustaba ostentar fingiéndose siempre desvalido; a Abelardo lo desesperaba no tener todavía el poder, que tan vanidosamente quiere ostentar fingiéndose todopoderoso.
Porque ambos no son más que las caras opuestas de un país que sabe con desesperación que quiere algo pero sigue sin saber qué es lo que quiere, y al que mientras tanto le toca conformarse con odiar su otra cara.
Las tareas históricas están a la vista, pero es extraño que los hombres del poder no sepan verlas, por estar siempre ocupados en desprestigiar al oponente, sin darse cuenta de que a uno lo miden por la grandeza del adversario. No se va a lucir De la Espriella haciendo........
