El mismo cochinero de 1934 hoy
Imagínese a un tipo en un bar.
Fastidiado. No viene a dar un discurso, viene a pedir una copa. Se la sirven, se la toma y ahí mismo, sin micrófono y sin que nadie lo haya invitado, se pone a cantar el tango Cambalache.Así me llegó la escena que comparto, en un video viejo de los años sesenta.
Un tango todavía más viejo, de 1934 (Discépolo, 1934), que me cayó encima como si lo hubieran escrito esta mañana.
Lo primero que entendí es que no importa cuánto hayamos cambiado de ropa.
Modernidad, tecnología, proporciones, da lo mismo.
Lo que describe Discépolo es el mismo cochinero que estamos viviendo.
Cambió el tamaño del cuarto, no el desorden.
Como lo dice a la letra:
“Y en el mismo lodo, hmm, todos manoseaos, hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ¡Ignorante, sabio o chorro, pretencioso o estafador!, ¡todo es igual! ¡nada es mejor!, ¡lo mismo un burro que un gran profesor!”
Fíjese en lo que el tango no dice.
No dice que hay gente mala, eso lo sabía hasta mi abuela.
Lo que dice es que ya nada sirve para diferenciar lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto.
El que trabaja y el que roba, el que sabe y el que nada más habla, acaban en el mismo montón, con la misma etiqueta y al mismo precio.
Eso es un cambalache: una tienda donde todo se amontona y nada tiene su lugar.
El tipo del bar no se queja del ladrón. Se queja de que la báscula no sirve.Discépolo lo escribió en plena década infame argentina, con fraude........
