La inflación también se bombardea
Hay guerras que se pelean con misiles y otras que se libran en silencio, todos los días, en el supermercado. Esta es de las segundas. Una guerra lejana —otro episodio más en la ya crónica inestabilidad de Medio Oriente— vuelve a recordarnos que el precio de la gasolina no se fija únicamente en refinerías, sino en decisiones políticas, tensiones geopolíticas y pulsos de poder que poco tienen que ver con el bienestar de las mayorías.
El reciente episodio en el que Donald Trump habría presionado para frenar bombardeos de Israel sobre Líbano no es un gesto humanitario aislado; es, sobre todo, un síntoma de algo más profundo: el reconocimiento tácito de que la escalada bélica tiene efectos económicos inmediatos y globales.
Porque mientras los misiles caen en una región, los precios suben en todo el planeta. Y no por casualidad.
La advertencia de Irán de mantener “completamente abierto” el Estrecho de Ormuz no es una frase menor ni un tecnicismo diplomático: es una señal al mercado energético mundial. Por ese estrecho pasa cerca de una quinta parte del petróleo global. Basta una amenaza —no hace falta ni siquiera un cierre........
